#OVERTHINKING

DE LA ADULTEZ

La inspiración es algo extraño y caótico. Más de dos años sin una gota de ella y un 14 de octubre, a unas horas de ir de boda, llega sin más.

Y debo decir que, para alguien organizada y planificadora, es un bendito dolor de cabeza. ¿Por qué no puede llegar un maldito día que no tenga nada que hacer? No sé, un martes al terminar la jornada laboral. O un domingo por la noche si quieres. Cualquier momento en que no tenga que aporrear las teclas a la velocidad de la luz para poder plasmar lo que pienso.

Pero, ya sabemos todos que la vida poquísimas veces funciona tal cual te imaginabas. Suele ser un caos. Se sale del guión. Se rompe y se vuelve a recomponer como le da la bendita gana. Y a veces es gloria bendita y otras un absoluto desastre.

Es raro cuando personas que formaban parte de tu vida dan pasos que quizá algún día, en esa retorcida, inocente y soñadora mente juvenil, te imaginabas que iban a dar contigo. O bueno, sencillamente que no serías partícipe de eso y punto. Pero amigo, instagram es una puerta a las vidas ajenas inigualable. Son las ventanas a través de las cuales esas adorables señoras mayores se pasan el día asomadas para controlar a todo el vecindario y tener luego comidilla suficiente para alimentar y amenizar las reuniones a la fresca con sillas a la calle incluidas. Supongo que lo desafortunado de este símil es que automáticamente nos convertimos en esas pobres mujeres.

Volvamos a centrarnos.

De repente, ese ex-casialgodelquetepillaste, se ha casado. Ese y cinco más. O tiene descendencia (inciso: para evitar decir ¿Cómo están los peques? al referirte a varios infantes de diverso sexo, he encontrado un sinónimo que le da mil patadas: ¿Cómo está vuestra descendencia?) Supongo que algún día llegaremos al «o se han divorciado» pero por ahora, aún estamos en fases previas. El tema es que es raro, ¿sabes? Es raro cuando tú aún vas como 5 capítulos por detrás pero hubo un momento en la vida que estabáis en la misma página.

Sigo sin superar que la gente se haga mayor. Sigo sin superar hacerme mayor. Probablemente, entre los innumerables traumas infantiles que arrastro, siga acompañándome el de Peter Pan. Mi mente se ha quedado en algún punto entre los 20 y tantos, mientras mi cuerpo ya se acerca a los 40 y mi rutina, manias e hipocondría a los 60.

Me aterroriza hacerme mayor. Básicamente porqué no sé si jamás estaré preparada para ser mayor. Un adulto funcional y esas cosas. Se suponía que a los 32 ya debía ser mayor. Se suponía que iba a tener un hijo a los 32.

Pero, a veces, sigo sintiéndme como la niña a la que le aterroriza perderse en un centro comercial sin sus padres. O que la secuestren (mis padres solían decirme que si alguien me secuestraba que no sufriera, que a las 24 horas me devolvería porque puedo ser insufrible).

¿Algún día sentiremos que somos totalmente adultos?